Editorial

Contra la historia de las emociones

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Nos hemos acostumbrado a pensar la historia del Perú desde la inexactitud de la sensibilidad, que en sus formas más elaboradas, muchas veces nos ofrece relatos de aparente heroísmo, pero que en muy pocas ocasiones logra remitirnos hacia lo podría ser verdaderamente útil: brindarnos lecciones de ciudadanía y aprendizajes para la vida en colectividad.

Con el inesperado quiebre en la biografía del ex presidente García, no solo se reavivaron los conflictos entre adherentes y críticos del APRA, sino que además se le abrieron las puertas al peligroso camino de la crónica antojadiza, de la narración selectiva que –como sostendría Medion de Larisa– se trata de mentir y mentir, que al final algo pueda quedar.

A contracorriente de lo que los discípulos de Haya quieren y se esfuerzan por hacer, hoy más que nunca es importante que la evidencia y la justicia se contrapongan a la ficción del supuesto ‘fascismo’ que persigue a los ex presidentes. No se trata de fascismo cuando se traicionó a la confianza que brindamos los ciudadanos, ni mucho menos es persecución cuando hay coimas declaradas de los falsos mecenas, o cuando hay cuentas abiertas en Andorra; todo ello sin mencionar a los falsos aportantes o a los depósitos bancarios fugaces.

Los que suscribimos estas letras hubiéramos querido madurar en un país en el que la justicia se antepusiera al arreglo de los magistrados “hermanitos”, o en el que la información no se viera reemplazada por el mermeleo de quienes poseen los horarios estelares en los principales noticieros y dominicales. Sin embargo, y a pesar de lo que puedan cacarear los cojudos empedernidos que ven espejismos de una dictadura despiadada que está encarcelando a personajes casi beatos; creemos que siempre hay un resquicio para pensar diferente y no dejarse arrastrar por el caudal de babas que ya viene asomando. Allí radica el sentido invaluable de las libertades de pensamiento y de opinión, en el indiscutible poder que poseen para movilizar a las gentes ante las mentiras.

No será entonces la historia de las emociones la que se inoculará en nuestra memoria, sino la que venga respaldada por la documentación y por las pruebas. Tendrán que transcurrir muchos días, meses y años pero hacia allá vamos, y así este dejará de ser ese país al que una banda de charlatanes logra conmover en medio de funeral; y paso a paso, institución con institución, podremos dejar de sentir lástima por aquellos que no son ni héroes ni víctimas. Mientras tanto, aquí junto a muchos otros medios, portales y colectivos, seguiremos jodiendo y jodiendo, que para eso volvimos.

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