Editorial

12 de junio: Pero si tanto te jode, ¿Acaso nunca le compraste una fruna a un chibolo?

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Llega el 12 de junio y la televisión se ha llenado de reportajes sobre las calamidades del trabajo infantil en el país. Los especialistas de la llamada “infantología” prestos están a explicar los problemas del fenómeno, las causas, las consecuencias, y los supuestos avances para hacer que los niños, niñas y adolescentes dejen de trabajar.

Los funcionarios de las instituciones del gobierno hacen denodados esfuerzos por demostrar que a través de los programas sociales se está paliando el problema. No es para menos, la fecha es propicia ya que se celebra el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, que desde el año 2002 se instaló en toda la orbe por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) –para el presente año, se ha elegido como tema “eliminar el trabajo infantil de las cadenas productivas”-.

Y así, la audiencia –nosotros– nos conmovemos con las imágenes de los niños ladrilleros de Huachipa, los niños “basureros” de Carabayllo, las niños mineros de Madre de Dios, las niñas que “trabajan” como meretrices en Villa María del Triunfo, los niños lustrabotas del Poder Judicial, los niños limpiaparabrisas de Plaza San Miguel o las adolescentes trabajadoras del hogar de Surco. Reflexionamos, sentimos conmiseración, nos indignamos, pero nada cambiará después de eso.

¿Pero qué se celebra exactamente el 12 de junio?, ¿la erradicación de todo tipo de trabajo infantil o solo la erradicación de las formas de trabajo donde están inmersos niños y adolescentes “marrones”, o sea pobres y por ende explotados?.

El presente artículo tiene como objetivo ir más allá de una visión pesimista del problema, e incidir más en una reflexión que nos permita comprender que este no es un asunto de un 12 de junio, sino que imbrica además un conjunto de fenómenos como la propia explotación, la discriminación, la informalidad y la naturalización de las imágenes. Porque al final, si tanto te jode, ¿acaso nunca le compraste una fruna a un chibolo?.

Holi, niño pobre, ¿necesitas cooperación internacional?

Empecemos haciendo una necesaria diferenciación entre lo que se ha llamado “trabajo infantil” y lo que nos remite a “niños, niñas y adolescentes trabajadores”. Sí, hay una diferencia. Cuando hablamos de trabajo infantil nos referimos a una categoría discursiva, desde donde se construye la estrategia de intervención para eliminar toda forma de trabajo en donde participan menores de edad. Se ampara en los Convenios 138º (sobre la edad mínima) y 182º (sobre las peores formas del trabajo infantil) de la OIT, los cuales regulan la normatividad nacional. En esta categoría se inscribe lo que luego ha sido llamado el paradigma abolicionista o erradicacionista del trabajo infantil, y es seguramente donde la mayoría se posiciona.

No obstante, el trabajo infantil no es lo mismo que los niños, niñas y adolescentes trabajadores (NATs). Con los NATs se hace referencia al sujeto social que siendo menor de edad ejerce una actividad económica remunerada o no, dentro del ámbito familiar, barrial, escolar, urbano y rural, y que puede o no con su trabajo contribuir a la economía familiar y/o individual. Desde aquí se construye el pensamiento de la valoración crítica del trabajo que luego explicaremos.

Hablemos entonces de “trabajo infantil”

Lo primero que hay que señalar es que coincidimos en que, efectivamente, se tiene que combatir toda forma de explotación, en tanto esta incluye una serie de sufrimientos y delitos en contra de la infancia. Al final, a nadie le gusta trabajar en condiciones perras. Pero cuestionamos la estrategia de intervención, la cual muchas veces linda con la persecución policial, la infusión al miedo y la clandestinización del fenómeno. El llamado “trabajo infantil” se ha construido desde un lenguaje y un tipo de discursividad que es funcional a la ceguera del conocimiento.

El fenómeno, hacia la década de los 80 y luego, fue explicado y señalado por sociólogos como causa de la pobreza” desde un punto de vista categórico. Así, se instala un ciclo cerrado donde un país como el nuestro, al tener trabajo infantil, es incapaz de salir de su subdesarrollo, haciendo que este sea una nación inelegible para los organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial, es decir un país que no es sujeto de crédito y por ende que no le importa a nadie.

El discurso se sigue construyendo en tanto se señala que el trabajo infantil provoca retraso mental, es la raíz de la desigualdad de género e impide el logro de los Objetivos del Milenio, como si tales objetivos fuesen un asunto de chibolos y no de la responsabilidad de los gobiernos.

Pero se fue más allá. Entrado el nuevo milenio, el trabajo infantil fue señalado como “causa de la reproducción trans-generacional de la pobreza”, o sea que si alguien trabajó siendo niño y encima siendo niño pobre, automáticamente su descendencia, sus hijos, serían pobres y explotados.

Así se establece una cadena perversa e infinita de trabajo infantil-pobreza-explotación-trabajo infantil-pobreza: (Donde) padres con poca escolaridad y competencia de trabajo insuficiente (padres funcionalmente pobres)… comienzan a tener hijos a temprana edad sin las competencias parentales necesarias para satisfacer sus propias necesidades, lo que provoca… hijos sub-alimentados con capacidades de aprendizajes reducidas que… muestran una fuerte propensión al comportamiento disfuncional y antisocial, trabajan en empleos sin futuro (o sobreviven en actividades ilegales), y… a una juventud fuera de la escuela, sin competencia, con ingresos de pobreza (“pobreza funcional”) que… terminan frecuentemente con situación de fracaso escolar (repetición, deserción), causando un analfabetismo funcional, que lleva… a que se socialicen generalmente con una juventud similar, sin escolaridad, que tienen hijos a temprana edad, y se convierten entonces en… padres con poca escolaridad y competencia de trabajo insuficiente (padres funcionalmente pobres)…

¿Estamos hablando entonces de que, con este ciclo perverso, todo niño y adolescente trabajador se encuentra condenado, anulándose así toda capacidad de resiliencia, es decir, la posibilidad de que en su condición de trabajador sueñe con un futuro mejor y no tan cagado?. Lo primero a lo que concluimos es que el enfoque del trabajo como “causa de la reproducción trans-generacional de la pobreza” es un determinismo desde donde se inaugura la ceguera del conocimiento, pero además desde donde no se logra explicar cómo algunos chicos que han trabajado como lustrabotas o canillita como Alejandro Toledo, lleguen a ser presidente del Perú. Que el tío luego haya sido un borracho y brichero es otro asunto, pero ¿La pobreza es causa del trabajo explotado, maltratado y prematuro?, ¿O al revés?.

Alejandro Toledo fue un niño lustrabotas en su infancia, y Presidente del Perú en sus ratos libres 🙂

Así, y sin ir muy lejos, googlemos “pobreza en el Perú” y “trabajo infantil en el Perú”, y las imágenes que nos arrojará el buscador no solo serán similares sino hasta equiparables. He ahí el problema: Las imágenes se presentan como un discurso pretendidamente objetivo, no obstante estas en sí representan la tendencia positivista que asiste al abolicionismo y que son expresión de su enfoque ideológico, sustentado en buena medida en la sociología positivista y el determinismo antropológico.

La pobreza en el Perú tiene rostro infantil

Pero hagámonos una pregunta: ¿Todo tipo de “trabajo infantil” automáticamente remite a aquello que denominamos “causa de la pobreza”?. Sigamos googleando y descubriremos que existen algunos tipos de trabajo que son ni marrones ni pobres, pero en donde sí están involucrados niños, niñas y adolescentes. ¿Qué pasa con los niños y adolescentes de los catálogos de Saga Falabella?¿Qué pasa con los niños y adolescentes que la hacen de modelos de marcas como Benettone o Miguelito DivertiKids?. *Pucha, chancho, ya la defecaste, ya sacaste todo tu resentimiento*. ¿Pero acaso creen que estos chibolos la hacen gratis, nunca se han puesto a pensar que cobran también por esa “chamba” y que incluso hay agencias, es decir, empresas organizadas alrededor de ellos?

Niñas modelo: rostro no pobre

¿Oe, y qué hay de los niños artistas, los niños actores?, ¿Qué pasa con el chibolo que la hace de “Cachín” en “Asu Mare”?, ¿alguien sabe cómo se llama el chibolo de “Cementerio General 2” y fiel amigo de las publicidades de Interbank?, ¿Oe y los niños futbolistas que luego de aprender la técnica de tocar la pelota o descubrir que nacieron con el talento para hacer goles, empiezan a cobrar por cada partido en los campeonatos, y que además sueñan con ser el nuevo Paolo Guerrero o el Checho Ibarra?, ¿Es o no es “trabajo infantil”?

El problema es que condenamos un “tipo” de trabajo donde volcamos toda nuestra discursividad que remite a la pobreza, la explotación y la discriminación, y dejamos intocado un “tipo” de trabajo (porque sí es trabajo, los chibolos cobran y sus viejos también) que definitivamente no se da en las mismas condiciones, pero donde sí participan menores de edad.

“Hola, soy Cachín y trabajo como actor”

Hablar en este sentido, de la llamada discursividad nacional e internacional en relación al fenómeno del trabajo infantil, no hace sino remitirnos a la construcción de un discurso hegemónico donde se es permisivo por un lado, y condenatorio por otro.

Hacia el año 2002, la OIT publicó un documento titulado Guía Práctica para Parlamentarios en Contra del Trabajo Infantil”en donde señalaban, por así decirlo, todas las indicaciones que los Parlamentarios y Senadores deberían considerar para hacer leyes en contra del trabajo infantil a nivel mundial. A continuación transcribiremos alguna de estas indicaciones, y el lenguaje utilizado en el documento de la edición Nº 3 traducido del francés:

“(Los niños están) privados de su infancia, ninguno tendrá la mínima posibilidad de explotar su potencial” (p.5)”; (Debemos) ganar el combate que se inscribe a diferentes niveles de desarrollo, cultura, tradición o voluntad política” (p.5); (Hay que), atacar esta plaga, azote, fléau=peste” (p.5,6,53,58,63,69); (Los) niños que ya han arruinado su porvenir” (p.6); (El trabajo infantil está) profundamente enraizado en tradiciones culturales y sociales” (p.11,26); (Y es que) la reputación de un país a nivel internacional como su acceso al mercado internacional depende en una larga medida de su compromiso en atacar el trabajo de los niños” (p.32); (Los niños trabajadores) deberán ser readaptados, antes de integrarse a la escuela (p.49); (con) tratamiento sicológico” (p.61); (El trabajo infantil) aumentará el rango de adultos marcados moral, física y sicológicamente (p.65)”.

Pero además se señaló con posterioridad, y ya en el ámbito nacional “que el trabajo infantil sabotea el trabajo de los adultos”¿En un país donde según el INEI el 75% del trabajo y la economía son informales, y donde la gran mayoría de los trabajadores no acceden a una serie de derechos mínimos?.

En el Informe Mundial de la OIT sobre trabajo infantil (2015) “Allanar el camino hacia el trabajo decente para los jóvenes”se ha señalado que “el trabajo infantil es causa del no trabajo decente para los jóvenes”. Se asume así una percepción de “indecencia”del trabajo de los niños y, por cuya causa, la generación inmediata (la juventud) se verá afectada, heredando una inevitable transposición de condiciones “no decentes” del trabajo; es decir, de explotación sin derechos. Pero pensemos en la llamada “Ley Pulpín” donde se pretendía recortar determinados derechos laborales mínimos para los jóvenes, ¿Era un problema entonces de niños trabajadores?.

Pulpines del Perú, ¡Uníos!

No es una cuestión de intenciones, pues combatir toda forma de explotación y de expulsión en contra de los niños y adolescentes trabajadores es un imperativo ético y político. La cuestión es pretender aquello dejando intocado e incuestionado el modelo civilizatorio del capitalismo excluyente, neoliberal y dominante, dentro del cual se produce la explotación y el empobrecimiento de la ciudadanía sin importar la edad. Esto último no es un cliché de izquierda, es un punto de vista que intenta dar cuenta de una forma de proceder que tiene que ver con un modo de organización de la economía nacional, ¿o es que amigo lector Ud., realmente cuenta con todos sus derechos laborales reconocidos?.

Las intervenciones respecto al trabajo infantil se inscriben en este modelo aunque se verbalicen como “protección”, “inclusión”, “interés superior del niño”, etc. Si dejamos incuestionado tanto el modelo, la discursividad, así como el lenguaje que usamos, y que como hemos visto se ha construido gracias a organismos internacionales bienintencionados y al gobierno peruano funcional a estos, encontraremos que estas intervenciones traen serias consecuencias tanto en el ámbito público, la conformación de la normatividad y la administración de la información.

Así se ubica una contradicción entre las objetivos que se persigue y la realidad muchas veces divergente y hasta necia. Los últimos 20 años, es decir las reuniones respecto al trabajo infantil que tiene OIT periódicamente (desde Ámsterdam en 1997 hasta la que se realizará en Buenos Aires en 2017), solo nos han dejado buenas intenciones, documentos y guías de por más cuestionables y fotos grandilocuentes de altos funcionarios en saco y corbata, pero sin niños trabajadores al costado.

Y es que lo que se tiene que señalar también es que para el 2000, OIT se propuso acabar con el trabajo infantil en el mundoy al no concretarse dicho objetivo, el organismo internacional no tuvo mejor idea que elaborar el Convenio 182º sobre “Las peores formas del trabajo infantil”, obligando así a que los Estados parte que ratificaron el Convenio reconozcan como formas de trabajo lo que en el fondo son formas de explotación y delitos en contra de la infancia como la esclavitud o venta y trata de niños, la prostitución infantil, la pornografía infantil, la utilización de niños en conflictos armados, entre otros.

Así entonces se inaugura un nuevo periodo en donde el principal motivo es eliminar las peores formas, pero que en la práctica es un llamado a eliminar todas las formas de trabajo. Al no presentarse una diferenciación entre trabajo permitido, mendicidad, delito y explotación, todos los chibolos fueron metidos en un solo saco, saco en donde aún permanecen.

Un tema análogo sería el Convenio 138º del mismo organismo, en donde se señala la edad mínima de admisión al empleo, la cual debería ser de 15 años, ¿pero los niños y adolescentes en nuestro país o en los países de América Latina, realmente esperan a cumplir los 15 años para ponerse a trabajar?.

Esto no es trabajo, esto es explotación y se debe condenar

Gracias a la propaganda erradicacionista, el Perú ratifica los Convenios 138º y 182º, no obstante se crea una contradicción jurídica debido a que se mantiene el Art. 22º del Código del Niño y del Adolescente (Ley 27337) referido “a que el Estado reconoce el derecho a trabajar de los adolescentes” a partir de los 14 años y en excepcionales casos a partir de los 12. Y en el mismo nivel, el Estado peruano ratifica la Convención Sobre los Derechos del Niño de 1989, en cuyo Art. 32º se habla de que “los Estados parte deberán proteger a los niños de toda forma de explotación”, y que como se lee, no se llama a una erradicación compulsivade las formas de trabajo en donde niños y adolescentes se ven involucrados.

A parte de lo ya señalado, existen ciertas consecuencias negativas respecto a la discursividad sobre el trabajo infantil, las cuales tienen que ver con la conmiseración con la que se refieren al tema los medios de comunicación donde composiciones del lenguaje como “triste realidad”, “realidad lamentable”, “pobrecitos”, “pirañitas”, “niños que hacen cosas de adultos”, “niños sin infancia”, son recurrentes y naturalizables.

Niños pirañas

Se encuentra también una trampa entre la estadística y la realidad social, donde instituciones como el INEI y la propia OIT no se ponen de acuerdo para publicitar de que efectivamente las tasas de trabajo infantil se vienen reduciendo. Se resume así el fenómeno al porcentaje, y el porcentaje a la indolencia, y la indolencia a la indiferencia y la naturalización.

Alrededor del tema del trabajo infantil corre muchísimo dinero, bastante diríamos. No por las puras, el Programa Internacional de Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT, fue el que más dinero movió en toda la organización a nivel mundial en los últimos 15 años, y cuyos fondos, se sabe, se fueron en los exorbitantes sueldos de los altos funcionarios, en contraste con los indicadores que arrojan que los niños y adolescentes no han dejado de trabajar, sino miremos las calles. Estamos hablando además de las ONG que han canalizado proyectos para sacar a los niños de sus supuestos “trabajos explotados”, chicos utilizados muchas veces en videos lamentables y en afiches de propaganda erradicacionista en el Estadio Nacional, el Metro de Lima y supermercados.

Punto a parte con la crítica hacia la cooperación de los Estados de la ONU, las donaciones de las empresas privadas como Telefónica y su fenecido programa “ProNiño”, y la inyección económica del Departamento del Trabajo de EE.UU., porque al final, ¿Quién carajos no se conmovería y no pondría dinero para financiar proyectos si nos muestran chibolos en condiciones de explotación, marrones, pobres y que no van a estudiar?, ¿Por qué ese dinero mejor no se invierte en mejorar nuestro lamentable sistema educativo público?.

Hoy por hoy se está incurriendo en una clandestinización del trabajo de los niños, además de la informalidad del mismo; en las escuelas ya nadie se reconoce abiertamente como niño trabajador porque no solo se tiene miedo a la discriminación sino a la sanción por parte de las autoridades. Si bien se han puesto más horas de clases en los colegios, lo cual debería repercutir en que, por ejemplo, los chicos que estudian por la mañana ya no tendrán tanto tiempo para ir a trabajar por la tarde, la realidad nos dice que estos mismos chicos en el fondo han trasladado sus horarios de trabajo hacia los fines de semana, haciendo que los sábados y domingos las plazas y avenidas de las principales ciudades del país se llenen de limpiaparabrisas, lustrabotas y vendefrunas.

Estos niños y adolescentes trabajadores están siendo víctimas de persecución por parte de los Serenazgos municipales, cual cobardía les quitan su mercancía y además los llevan a la comisaría como delincuentes. No estamos diciendo que se dé todos los días, a cada rato o en todas las municipalidades, pero es una consecuencia de las grandes incongruencias en el tema donde solo se persigue a los chibolos marrones de los puentes de la Vía Expresa, ¿o alguien ha visto a los Serenos de San Isidro perseguir a los niños de las bufandas de Benettone; o los de Barranco, botar como a perro a los niños actores que ensayan en el Parque Central al costado de la Biblioteca Municipal?.

Eso es abuso. Y con delincuentes, arrugan ¬¬

De lo que se trata es que, a raíz de lo ya mencionado, se ha instalado una yuxtaposición de normas con lógica represiva, porque al final se asume con cierta estigmatización que los que trabajan siendo niños y adolescentes, son candidatos a la droga, a la prostitución o a la delincuencia por encargo (sicariato). Pero relacionar trabajo con estas formas de delitos es muy grave, es un claro intento por asumir un tipo de “alarma social”, sino evaluemos el Decreto legislativo Nº 1204 que modifica el Código de los Niños y Adolescentes para regular las sanciones a adolescentes infractores de la Ley Penal y su Ejecución, y en donde se establece “subir a 10 años la pena privativa de la libertad para los que cometan ciertos delitos” siendo menores de edad.

Así el Estado ha abdicado no solo a su rol tutelar para con los niños trabajadores, sino que ha hecho que lo que debería ser el estandarte de aseguramiento del futuro como es el acceso a la educación de una buena porción de estos chicos, sea anulado. El Ministerio de Educación hace algunos años suprimió en la llamada Educación Básica Alternativa, los Programas de Educación Básica Alternativa para Niños y Adolescentes (PEBANA) y que hoy solo se da para adolescentes mayores de 15 años, quedando al descubierto 300 mil niños que no acceden a los programas alternativos de formación ni a la Educación Básica Regular, ¿quién da cuenta de eso?.

Hablemos de niños trabajadores

Bajo ningún concepto pretendemos dar cuenta de una posición que diga que estamos promoviendo el trabajo infantil o algo similar. El tipo ideal de nuestra sociedad es que ningún niño y adolescente trabaje, y solo se dedique a estudiar, recrearse y jugar Play. Pero no somos ni Suecia ni Noruega ni Japón, somos el Perú. Y nuestra realidad nos dice que existen niños, niñas y adolescentes que trabajan no necesariamente en actividades remuneradas, y los que lo hacen consiguiendo algún sol, muchas veces contribuyen con la economía precaria de su familia. Sí, carajo, se llevan un pan a la boca con el sudor de su frente marrón. Una realidad donde niños y adolescentes pastorean el ganado en el ande, usan la chaquitaclla en la chacra familia, tejenlas chompas para cubrirse del frío y que si algunas de estas les sobran, las venden en las ferias de los centros poblados. Una realidad donde los llamados distritos emergentes de Lima Metropolitana está plagado de niños y adolescentes que ayudan a sus mamás en las bodegas por las tardes, luego de por las mañanas ir al colegio; o de niñas que ayudan a cuidar a los hermanitos, mientras la mamá tiene que cruzar desde San Juan de Lurigacho hasta La Molina a ganarse un mísero sueldo los fines de semana. Una realidad de niños que les ayudan a sus padres en los mercados, a cargar los bolsos, a vender la ropa en Gamarra, a repartir los menús para los de construcción civil. Una realidad de niños y adolescentes que les ayudan a sus padres a vender juguetes en el Jr. Puno del Centro de Lima en Navidad, y que tienen que cuidarse de los fiscalizadores. Estamos hablando de chicos que también mueven este país y que, aunque no lo creas, con su trabajo remunerado o no y con su tiempo, están creando valor.

En el lado opuesto al erradicacionismo, se encuentra la corriente del pensamiento de la valoración crítica del trabajo, la cual hace referencia a valorar del trabajo en condiciones dignas, criticando toda forma de explotación en las que muchas veces los niños, niñas y adolescentes se ven involucrados. Algunos de estos niños trabajadores se organizan a través de asociaciones u organizaciones.

Niños organizados exigen su derecho al trabajo en condiciones dignas

Tanto el Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC, 1976) como el Movimiento Nacional de Niños y Adolescentes Trabajadores Organizados del Perú (MNNATSOP, 1996) emergen como movimientos sociales de carácter nacional desde la propia iniciativa de diferentes organizaciones sociales de base en las que niños, niñas y adolescentes han aprendido a valorar su trabajo con dignidad.

Aquí se asume la organización como una herramienta para tener fuerza social y representativa, y desde la cual se establecen estrategias de afecto preventivo y de resiliencia. Se inaugura así un ciclo de esperanza donde se reconoce que el trabajo es un derecho de todo ser humano… el cual es un producto social, cultural y político…que no impide estudiar ni ejercer otros derechos…que permite crear una personalidad protagónica…para formar parte de una organización… desde donde se tejen redes de resiliencia a todo nivel… para ejercer la ciudadanía reconociendo… que el trabajo es un derecho de todo ser humano…

Por eso joven, cuando veas a un chibolo en la calle vendiendo su fruna, o cuando te lustres los zapatos para ir a tu oficina en Corpac, o cuando compres la rosa roja para tu flaca en el Puente de los Suspiros, o cuando vayas a Cusco y algún chibolo te venda el pan serrano, piensa seriamente en todo lo que ellos representan y lo que pueden lograr como ciudadanos hoy.

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